24/11/04 3er encuentro taller producción literaria Las palaVras no son de adorno
(diálogos) MS y M. O.
Descalzo era mejor, saboreando en cada arruga de la planta, plumas y pastitos, flores amarillas que ya habían abandonado las copas de las tipas para reposar allí, manchando un estampado de primavera entre alegre y melancólica.
En la zanja, de entre el amarillo, un sapo preguntó
-¿Adónde?
-Por cualquier camino pero que tenga corazón, ciertamente, ¿y tu?
-Mira, el cruce de caminos lo dejaste atrás hace dos cuadras, y no te diste cuenta, ¿notaste que ya no hay más esquinas?, y ojo que no es un sueño
-¿Cómo puedes hablarme así, cuando te comes una flor creyéndola mariposa?
-Hipertromiopía en el ojo izquierdo dijo el doctor, alma de sapo gordo dijo mi tía y pelotudez incurable dijo mi mamá.
-Después de todo, tengo que confesar que me dio ternura... sólo saco las uñas inútilmente, como si un bicho tan insignificante pudiera afectarme, detenerme... tus palabras, cómo decirlo? fueron como martillos de miel... sé que ya no hay atajos ni desvíos, que a última esquina la decidí hace tiempo ya, y sin embargo no sé cómo tomármelo. Es como una miel, me endulza, deliciosamente, mientras se pegotea todo mi cuerpo, haciéndose cada vez más difícil seguir la marcha... las moscas me zumban demasiado cerca... y el horizonte, ahora infinito... esa libertad sin límites más duele a cárcel...
Acá el sapo se quedó un rato observando, puso cara de serio (alguien dijo de los libros no contestan, yo sí, que te importa que un sapo pueda o no poner cara de serio, si así dice dos líneas arriba, imaginalo y punto) y contestó,
-para, para un poquito, si elegiste jodete y bancátela, si no te gusta, volvete, no la hagas complicada al pedo, si te siguen las moscas, bañate más seguido, si la libertad es cárcel, estás jodida, si estás así de loca a lo mejor me querés dar un besito, no sé dónde leyó alguien que le contó a un amigo de un amigo que si me daban un beso en la boca... Ah, pero no sé si funcionaba con piradas, bah, dame un beso y después te aviso si funcionó o no,
y estiró la trompa esperando la respuesta.
-Una estrella fugaz! –dijo sobresaltado, casi gritando, y recogiendo los grilletes caminó hacia la sombra de lo que parecía un ombú a unos 800 metros hacia el sol.
-Che, ¿y el beso?, Bueno, vos te lo perdés, ojo con ese ombú porque una vuelta se cayó una rama en la que había un montón de comida y no sé en qué momento me trague un par de hojas y o sabés, tres días estuve, casi me tengo que poner un corcho.
Mientras huía del sapo encantado al que no hubiera tenido problema en besar total ya lo había intentado una veintena de veces, sentía la suavidad del pastizal de hoja ancha, ese pasto tipo inglés que su vecina alababa tanto –ex vecina, perdón; aún no se acostumbraba al territorio de nuevas palabras.
Algo estalló en su cabeza, luego en el pecho, al fin, en la planta del pie -¡Maldita sea! ¡Espinas centelleantes Robin!
Ahora el ombú la miró extrañado,
-A vos te conozco, vos vivías acá cerca, ¿no?, cerca de la vieja de batón verde mierda, ¿te acordás de mí? si algo malo te dijo ese sapo de mí, es mentira, está loco el pobre, cree que alguien se dedica a besar sapos porque veinte amigos se lo contaron, es un opa el pobre, ¿qué hacés por acá?
-Tus raíces, tus nudos, ese follaje... yo ya te acaricié una vez, una noche de invierno, dormí abrazado a vos en la habitación húmeda de la pensión ... ahora, no sé qué pensar ¿será que esta vez es la de adeveras? eres tan hermoso!
-Hermoso, lo que se dice hermoso, ni mi mamá me lo dijo, ya me acuerdo, era invierno, estabas en tu pieza pero venías caminando en pelotas sobre la escarcha, traías una nota en octavas reales (que no pude leer porque nadie me enseñó) y una soga en la otra mano, ¿Te acordás?
-La nota, sí, era para enamorarte y la soga, por si la poesía no te agradaba –pensaba atarte a mí para que no puedas dejarme. Pero, ya vez, en los sueños siempre estoy mejor armado y más atento que en la realidad...
-Lo que no entendí muy bien es por qué después de atarme, ¿hace dos inviernos no?, ¿qué decía la nota? sí después de atarme y de treparte y acariciarme, me acuerdo que sentí tu piel desnuda, y con las hojas te acariciaba los pezones y vos sonreías y te ataste el cuello y saltaste y después silencio y después nada, ¿qué decía la nota?